Cansancio 2.0

12 comments
Entre los peligros más terribles para el ser humano, Charles Baudelaire señala el tedio:

"¡Es el Tedio! (...)
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
-Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!"

No ha habido mayor enemigo, dice el poeta, desde que se inauguró la modernidad.
Allá por los comienzos de está década, que ya llega a su mitad, la vanguardia de la profesión docente hervía de entusiasmo por algo que se conocía como "las TIC" (de aquí en adelante mantendré el entrecomillado). 
Desde el comienzo del nuevo siglo se venía levantando esta ola de cambio, pero la cresta llegó a lo más alto con los planes al estilo "Escuela TIC 2.0" que se esparcieron como una mancha de aceite por nuestras escuelas e institutos.
Por fin clamábamos los entusiastas llegará el esperado cambio a la Escuela. Pensábamos que el desembarco de "las TIC" derribaría los muros de esa escuela caduca que seguía dormitando de espaldas a la realidad, ignorando los cambios en el consumo y producción del conocimiento.
La evidencia se impondría.
En las conversaciones de Twitter se mezclaban voces de entusiasmo. Unos cuantos blogs sobre innovación educativa recibían miles de visitas y cientos de comentarios que se amplificaban en las redes. Se palpaba un auténtico entusiasmo por esas "TIC" que traían el cambio de modelo educativo. Iniciativas como "Purposed[ES]", "El Bazar de los locos", o "Potachovizados", pueden dar fe de ello.
"La conversación" estaba en Twitter, tal como se decía. 
Pero ya no está.
Basta una mirada a la blogosfera educativa para comprobar la disminución de publicaciones y, lo que es más grave puesto que era su razón de ser―, la ausencia de comentarios y debates en los posts.
Algunos quizá pensaban que había tocinos y no había estacas. Otros, tal vez, se movieron hacia territorios oficiales, al amparo de ministerios y consejerías varias. El caso es que el abandono de "la causa" es palpable.
Yo apuntaría a la clásica revolución "gatopardiana" (cambiar todo para que nada cambie).  Los ordenadores y pizarras digitales, que tenían vocación de caballo de Troya, acabaron mostrándose como lo que son: simples herramientas. Y muchas veces se usaron para fortalecer metodologías caducas. El corazón del sistema educativo seguía intacto
Creo que no tiene ningún sentido seguir debatiendo sobre "las TIC". El debate sobre el uso de las tecnologías en las aulas comienza en el momento en el que se inventa el Sistema Educativo. Lo que ocurre es que cada vez que se ha introducido una nueva tecnología en la Escuela se ha buscado optimizar el modelo que ya existía, no cambiarlo.
La educación tiene que ver siempre ha sido así con enseñar a pensar. Se trata de fomentar la creación, la expresión personal, la crítica argumentada, porque ahí están las únicas verdades que nos permite la posmodernidad. 
Lo que se sigue haciendo (con TIC o sin TIC) en nuestro sistema educativo es lo contrario. Se enseña a consumir conocimiento, no a crearlo. 
Cuando se usan las TIC en clase se busca, en la mayoría de los casos, reforzar el modelo dominante, porque no se concibe otro. Da igual que los y las estudiantes tengan ordenadores, tablets, móviles y conexión ultrarrápida si sólo utilizan esas herramientas para consumir, para recibir, conocimiento.
Enseñar a pensar ya lo hacían en la antigua Grecia, lo único que ha cambiado desde entonces es el carácter social que, cada vez con más evidencia, está adquiriendo el pensamiento.  Nuestra labor docente, pues, si pensamos en lo que necesita nuestro alumnado, no puede obviar el desarrollo de una ciudadanía que contribuya a la creación del conocimiento en las redes, que sepa interactuar con esas "verdades" que se cuecen en Internet. 
Es en ese contexto en el que me parece indispensable que el alumnado esté conectado, que escriba blogs, comparta podcasts y vídeos. En fin, que contribuya a crear, que no sea un mero consumidor.
El caso es que, a mi modesto entender, la introducción de "las TIC" en el aula no ha cubierto las expectativas ni de las autoridades educativas ni de los docentes más innovadores. 
El globo se ha pinchado, y Baudelaire apuntaría al tedio, seguramente.



Con la tecnología de Blogger.