El mundo es ancho y ajeno

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Cualquier lingüista conoce la distinción entre la fonética, disciplina que estudia los sonidos del lenguaje desde un punto de vista físico, su timbre, altura, lugar de articulación, y la fonémica (o fonología), que estudia el sentido que cobran al formar parte de un sistema, de la red de una lengua concreta.
Como todos los sistemas son distintos, hay rasgos de algunos sonidos (iguales según la fonética) que son pertinentes en algunas lenguas pero carecen de sentido en otras.
Por ejemplo, a un hablante de chino le cuesta distinguir entre los sonidos [r] y [l] porque las diferencias no son relevantes en su lengua. Se pueden obviar las diferencias físicas, objetivas, mensurables, sin que sufra el sistema.
El lingüista Kenneth Pike pensó que esta doble perspectiva (la de la fonémica y la fonética) que se puede adoptar frente a un hecho, se podría extrapolar a otras ciencias sociales. Así, comienza a usar los términos "perspectiva etic" (de phonetic) y "perspectiva emic" (de phonemic). Posteriormente,   Marvin Harris recogió y popularizó la idea en su "Antropología cultural".
Se trata de una distinción muy útil, pues el mismo hecho puede tener un sentido u otro (o ninguno) según el sistema de ideas, creencias o costumbres en el que se inserte.
La Wikipedia recoge el siguiente ejemplo: cuando una madre de una comunidad muy pobre explica que a los niños que nacen enfermos "se los lleva Dios pronto al cielo porque son angelitos" (perspectiva emic), el antropólogo ve una realidad muy distinta: a esos niños se les alimenta y protege poco para provocar que mueran pronto, porque suponen una carga imposible de asumir (perspectiva etic).
La comunidad educativa funciona como una tribu, y está plagada de visiones emic, de asunciones y creencias que no se discuten porque no llegan a hacerse observables (no pasan por la perspectiva etic).
Hace poco envié a una compañera un genial artículo de un compañero, Nacho Gallardo, en el que utilizaba el recurso de una carta a los padres de su alumnado para mostrar una visión etic de la metodología y las prácticas más habituales en las aulas y demostraba así las asunciones e inercias de la mayoría de los docentes.
Para mi sorpresa, una compañera (de profesión, no de centro) escribió un comentario en mi enlace en el que, además de celebrar el ingenio de Nacho, se congratulaba de que ese estilo, ese perfil de docente que parodiaba la carta, ya no existiera. "Menos mal que ya no quedan profes así", decía.
Me quedé estupefacto. ¿Cómo puede ser que esta compañera no identifique estas prácticas como habituales? Por la perspectiva emic, evidentemente.
Cuando hablamos de innovación en las prácticas educativas, la mayor parte del profesorado entiende que nos referimos al uso de nuevas (¿nuevas?) tecnologías. Algo fácilmente identificable y medible (etic). No equiparan la innovación con un cambio metodológico (aprendizaje cooperativo, trabajo basado en problemas, etc.) puesto que esto entra de lleno en el campo de lo emic, de las creencias, de las expectativas, de lo interiorizado. Una profe que plantea el aprendizaje cooperativo en su aula sin usar ordenadores ni móviles es más innovadora que otra que "no puede dar clase sin pizarra digital" pero la usa para transmitir datos, para optimizar la metodología transmisiva. Así es fácil concluir que "no hacen falta ordenadores ni Internet para dar clase".
Lo innovador de las nuevas tecnologías es que nos permiten hacer cosas que antes no podíamos, no que nos permitan mejorar algo que ya hacíamos.
Su valor está en su poder disruptivo.
En los datos del barómetro del CIS del mes de marzo, se preguntan algunas cuestiones sobre el uso de las nuevas tecnologías. A la pregunta por la importancia de algunos aparatos y tecnologías, el 39% de los encuestados contesta que el teléfono móvil es muy importante en su vida, pero sólo el 9% cree que las redes sociales tengan la misma importancia. Es una respuesta que revela la falta de conciencia de que la "digitalización" de nuestras vidas no sólo afecta a nuestras relaciones personales, también afecta a nuestra relación con la información y con el conocimiento, además de confundir las herramientas (móvil) con lo cultural (relaciones en red).
Esa visión, evidentemente, se palpa en los centros educativos. Cunde la idea de que "lo digital" viene a alterar un orden sagrado y sólo sirve para distraerse de la tarea del aprendizaje (visión emic), cuando cualquier observador ajeno a la tribu se daría perfecta cuenta de que quienes trabajamos en un centro educativo (profesorado y alumnado) vivimos en una constante esquizofrenia, una escisión, respecto al uso de las redes (visión etic). 
Fuera del espacio primordial y sagrado que para los docentes encarna la Escuela, el mundo se ha vuelto digital, el conocimiento se ha vuelto líquido, las relaciones son en red. 
Todos sabemos que fuera de la tribu "el mundo es ancho y ajeno", pero nos empeñamos en un sistema de creencias que una y otra vez choca con la realidad y produce frustración a todos.




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