La carta de Kafka

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Un día de verano de 1913, Franz Kafka se dirige a la oficina de correos de Praga con un voluminoso sobre bajo el brazo. En el trayecto se cruza con un amigo que —extrañado por el tamaño de la carta le pregunta por su contenido.
"Es una proposición matrimonial" responde el escritor.
Inmediatamente después, ambos prorrumpen en una sonora carcajada.
El sobre, ciertamente, contenía una propuesta de matrimonio dirigida a Felice Bauer, su novia berlinesa. Lo extraordinario, no obstante, no era tanto el modo de declararse vía postal cuanto el contenido de la proposición. 
La misiva era tan voluminosa porque el escritor praguense se había molestado en incluir en ella todas las razones posibles para que Felice rechazara su proposición matrimonial. Y a Franz Kafka se le ocurrían muchos motivos para ser rechazado.
El Ministerio de Educación, que tiene una evidente tendencia a lo kafkiano, ha decido imitar al autor de El Proceso y enviar a los docentes una propuesta similar a la que recibió Felice Bauer en el verano de 1913.
La Orden ECD/65/2015, de 21 de enero, por la que se describen las relaciones entre las competencias, los contenidos y los criterios de evaluación de la educación primaria, la educación secundaria obligatoria y el bachillerato propone al profesorado, en su Anexo II, una serie de orientaciones metodológicas para propiciar un cambio en el papel (hasta ahora mayoritariamente transmisor de información) de los y las docentes.
Los métodos
proponen "deben partir de la perspectiva del docente como orientador, promotor y facilitador del desarrollo competencial en el alumnado; además, deben enfocarse a la realización de tareas o situaciones-problema, planteadas con un objetivo concreto, que el alumnado debe resolver haciendo un uso adecuado de los distintos tipos de conocimientos, destrezas, actitudes y valores."
Se citan en dicha Orden, con nombres y apellidos, metodologías como el aprendizaje cooperativo, el trabajo por proyectos, el aprendizaje basado en problemas, los centros de interés o el estudio de casos, como las más adecuadas para el objetivo que se pretende conseguir.
Lo chocante de esta propuesta, ciertamente atractiva en sí misma, es que va acompañada como la de Kafka de una serie de motivos para no ser aceptada. 
En él, especialmente en el apartado dedicado a la evaluación y la promoción del alumnado, se propone una evaluación final, en forma de examen, para conseguir superar cada una de las etapas educativas. Es decir, se establecen metas que se contradicen con los principios metodológicos antes invocados.
La metodología (cualquiera) no está exenta de ideología. La que envuelve a las metodologías antes citadas (ABP, trabajo cooperativo...) reclama que el establecimiento de principios claros y firmes es más importante que el establecimiento de metas a las que llegar. Lo importante es el camino. Del mismo modo que Kavafis aconsejaba a Ulises "Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo" puesto que el viaje otorga la sabiduría de la experiencia así las metodologías propuestas en la Orden reclaman atención sobre el proceso, sobre el camino que se recorre, no sobre la meta que se debe alcanzar.
Cualquiera que haya pisado un aula sabe perfectamente que la sombra de un examen final va a mediatizar el proceso de aprendizaje. Así ocurre con la Selectividad en el Bachillerato y así ocurrirá ahora en la ESO a medida que se acerque su final. El alumnado preguntará "maestro, ¿eso cae en el examen?". Los padres y madres presionarán para que se ayude a su hijos e hijas a tener éxito en ese examen. Y ninguna de las metodologías invocadas por las autoridades prepara al alumnado para aprobar exámenes. Le prepara para enfrentarse a situaciones complejas que requieren habilidades cognitivas y emocionales. Ningún examen requiere esas habilidades. La evaluación es siempre la prueba del algodón de cualquier metodología. Uno puede enseñar música celestial, que si los estudiantes saben que luego se les pondrá un examen para evaluarlos, se atendrán a eso, buscarán optimizar su esfuerzo para conseguir su objetivo: una buena calificación. Es en la evaluación donde hay que fijarse para ver si una metodología es innovadora.
Hay muchos expertos en educación que no saben cómo es el ecosistema de un aula, que no conocen los factores que podrían "ensuciar" las ideas tan bonitas que vemos en las presentaciones de TED, en los congresos y happenings educativos. Las presiones de las familias, del propio alumnado, de la dirección del centro, para centrar el trabajo del aula en aprobar ese examen final, cerrarán la puerta a la innovación metodológica y a cualquier "romanticismo" pedagógico.
Eso ya lo sabía Franz Kafka: no es lo mismo el amor que el matrimonio. Por eso advertía a su novia de los motivos que podrían estropear su convivencia. Sin embargo, resulta extraño que un enamorado haga algo así, ¿no?
Ni que decir tiene que, pese al inicial de la novia, el matrimonio nunca llegó a celebrarse.



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