¿Se puede enseñar lo que no se conoce?

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Llega un tiempo en que es preciso abandonar las ropas usadas, que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar nuestros caminos, que nos llevan siempre a los mismos lugares.
Fernando Pessoa

En 1492 (casi medio siglo después de que se inventara la imprenta) Johannes Trithemius, abad de Sponheim, escribió De Laude Scriptorum, una defensa del trabajo de los escribas, muy superior —según él— al de los impresores. Lo curioso es que dio su libro a la imprenta para distribuirlo en copias impresas y no a los amanuenses para que lo trasladaran a mano.
Lo que afligía al abad no era el cambio tecnológico que estaba presenciando sino el vuelco en las relaciones de poder que podría suponer un acceso mayoritario al conocimiento, a la información. Se trataba de un cambio disruptivo, un corte brusco en la manera habitual hasta entonces de relacionarse con el conocimiento. Por eso no duda en usar las "armas" del enemigo para difundir su mensaje, porque no teme a las herramientas, a la tecnología. Teme a la nueva cultura que viene de su mano y que va  a barrer un orden caduco, envejecido de golpe.  
El establishment de la época se preocupó enseguida de hacerse con el control de la imprenta, una tecnología potencialmente disruptiva.

Vivimos mutatis mutandis― una situación similar

La web 2.0 supone un cambio enorme en nuestra manera de acceder a la información, como consumidores y productores, y conlleva la aparición de visibles arrugas y otros signos de vejez en la enseñanza tal como se conocía hasta finales del siglo XX.
¿Disrupción? Evidentemente. ¿Miedo? Mucho. Incluso hay quienes, como el abad de Sponheim, utilizan las nuevas tecnologías para demonizarlas, y lo hacen porque saben que es la manera de comunicarse predominante en nuestra cultura. No temen a las TIC. Temen a la incertidumbre y a la revolución.
Hay instituciones educativas que se han lanzado a "controlar" las nuevas vías de comunicación, ofreciendo un pálido sucedáneo (los LMS) y creando así una sensación de modernidad, de aggiornamento. Así, todos contentos (familias, alumnado, docentes) pensando que hemos entrado en una nueva era del conocimiento cuando en realidad sólo estamos intentando domesticar el caos, la disrupción, que plantea un fenómeno como la web 2.0.
El verdadero reto que se plantea a las instituciones educativas es enseñar al alumnado a desenvolverse en una cultura digital, que no es ―evidentemente― lo mismo que mantener un orden caduco pero tecnologizado.

El problema, claro, es ¿se puede enseñar lo que no se conoce?

Lecturas recomendadas:


3 comentarios:

  1. Hola Aitor, buen post y con mucha razón.

    Un saludo

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  2. Sugiero la lectura de: “El maestro ignorante” de Jacques Rancière, interesante reflexión sobre la educación y el reto de enseñar lo que no se conoce.
    Llega un tiempo en que es preciso abandonar las ropas usadas, que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar nuestros caminos, que nos llevan siempre a los mismos lugares.

    Fernando Pessoa

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