domingo, 3 de febrero de 2013

Mis alumnos encontraron piso

Imagen: muaca
Es evidente que la relación entre el conocimiento y quienes lo consumen (ya sea porque quieren o porque les obligan) ha cambiado tanto en estos últimos años, que la idea en la que se ha basado la enseñanza durante siglos ha envejecido de golpe.
Hasta hace bien poco se consideraba que el saber estaba encerrado en algún "contenedor", que podía ser la mente del profesor o profesora, o un libro. Quien quisiera poseer el conocimiento debía esperar al momento en el que el poseedor lo liberaba, lo transmitía (es decir, en clase, en un curso, en un momento y lugar concretos) o intentar por su cuenta el asalto al libro-fortaleza. 
El mismo fenómeno se daba en el ámbito de la información. Las noticias las transmitían unos pocos, la mayoría las consumía.
Hoy en día esta visión no se mantiene. La información ya no está en contenedores, circula por redes y, en ese viaje, se actualiza, se matiza, se critica, se presenta desde distintos ángulos, se enriquece, se falsea, se copia, se parodia...
La cuestión que inmediatamente se plantea un docente es "¿qué enseñamos entonces?".  Hace un par de días leí que "la escuela debe enseñar de todo, y cuanto más inútil mejor..."
A mi modesto entender, no está bien enfocado el asunto. No se trata de optar por unos conocimientos u otros en razón de su utilidad (o de su inutilidad). Creo que debemos preparar a los estudiantes para saber enfrentarse a problemas complejos, estimular su imaginación, su capacidad de razonamiento y de crítica.
Tratar de solucionar un problema, tener que hacerlo junto a otras personas, organizar su trabajo...aprender a tomar decisiones, es decir, practicar habilidades que son necesarias para desenvolverse en eso que llamamos, de una forma un tanto absurda, la vida real (como si hubiera otra).
El aprendizaje ocurre en estos contextos, cuando se busca algo, se dialoga con otros, se piensa en la mejor manera de hacerlo, se buscan soluciones...Es más bien un proceso, y tiene poco que ver con memorizar una información y después repetirla por escrito.
Al principio del trimestre anuncié a mis alumnos que les iba a plantear una serie de problemas, o ponerles en una serie de situaciones que les obligarían a buscar información, tomar decisiones consensuadas, imaginar posibilidades...en fin, que tendrían que poner en movimiento habilidades comunicativas y cognitivas más complejas que la simple repetición.
La primera de estas situaciones fue imaginar una familia ficticia y buscar una vivienda de alquiler en la zona. Imaginar les resultó sencillo y divertido (aún no han perdido la capacidad de fantasear), pero la búsqueda de un hogar les dejó algo perplejos. No sabían muy bien dónde estaba la trampa, ¿ese era el trabajo de verdad?, ¿no había que atender a explicaciones, hacer actividades y copiar enunciados?
Lo cierto es que disfruté lo mío viendo cómo iban pensando en lograr el objetivo, cómo se afinaban las ideas dialogando entre ellos (a veces con demasiado volumen).
Con esta primera tarea pretendía:
  • que se organizaran de forma autónoma
  • que dialogaran para solucionar conflictos (que los hubo) y llegar a acuerdos
  • que se pusieran en una situación comunicativa formal real (tenían que visitar una inmobiliaria y hacer preguntas)
  • que fueran capaces de contarlo ajustándose a las características de un informe de trabajo (registro formal)
  • que disfrutaran
  • que fueran capaces de criticar, opinar sobre la actividad, sugerir mejoras
Debo decir que la mayoría de los chicos y chicas consiguieron con creces estos objetivos. Adjunto el informe de una alumna como muestra.