Hiperconectados e infoxicados

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Dentro de la (escasa) autonomía que tienen los centros de educación secundaria se incluye la posibilidad de ofrecer, en el segundo curso de Bachillerato, asignaturas optativas de libre configuración. En el Departamento de Lengua del IES Nazarí nuestra propuesta para este curso que comienza fue Comunicación y Redes Sociales

La propuesta ha conseguido un número de matrículas suficiente como para ser impartida, así que este año comenzamos una nueva aventura.

¿Por qué esta asignatura?
Porque el mundo en el que vivimos es global e hiperconectado. No asistimos a una simple acumulación de herramientas tecnológicas, la "digitalización" de nuestras vidas es, más bien, una cuestión cultural, que afecta tanto a nuestra forma de relacionarnos socialmente cuanto a nuestra manera "consumir" y "producir" el conocimiento.

¿Pueden las instituciones educativas permanecer al margen de este cambio?
Nuestra propuesta, humilde y quizá torpe aún, pretende dar respuesta a este desafío.

Los contenidos son, no podía ser de otro modo, recurrentes, circulares, y la programación, abierta.

El sitio que contiene los materiales del curso (Comunicación y Redes) está aún en construcción (lo estará constantemente, casi con total seguridad). Las sugerencias son bienvenidas.



En mi clase se habla

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Los cambios no suceden cuando la sociedad adopta nuevas herramientas tecnológicas, sino cuando las personas cambian su concepción de las relaciones y eso les lleva a comportarse de manera diferente.
Si esos cambios, además, son radicales, revolucionarios, (como el que vivimos en relación al acceso, producción y consumo del conocimiento) no se producen de forma paulatina y ordenada. Es decir, no hay un viaje por etapas desde A hasta B, sino que el abandono de una concepción (A), de forma masiva, produce un estado de incertidumbre, de malestar, que no se resuelve hasta que se alcanza un nuevo consenso (B). Algunos se aferran a A porque piensan que es la misma esencia de lo que defienden, sin darse cuenta de que cualquier actividad social está sujeta a cambios, que no hay una esencia, ni una forma perenne. La forma B, cuando se establezca, será considerada tan canónica como lo fue A.
En la Escuela (hablo de la institución educativa) el modelo hasta ahora mayoritario ha entrado en crisis. Esto es algo evidente para todos los actores que intervienen, sea cual sea su ideología, nivel social o cultural. Otra cosa es que se admita o no, o se reconozca solo veladamente.
Tanto las voces que claman por otra vuelta de tuerca, una huida sin fin (mano dura, reválidas, etc.) cuanto quienes piensan en un aggiornamento (mantener la misma estructura de relaciones pero introducir mejoras, nuevas tecnologías, etc.) son conscientes de que la criatura ha cambiado tanto que el traje ya no le sirve, las costuras se rompen por todas partes.
Se pueden buscar culpables (de hecho se hace, piensen si no en la sostenida campaña de agitprop contra los docentes) de todos los colores y sabores. Los enseñantes culpan a la administración o a las familias (o a ambos), las familias y la administración a los profes...y ya no sabemos quien es el gato, el rato ni el bellaco.
Lo que está en juego, por eso se genera tanta ansiedad, es el modelo mismo sobre el que descansa la Escuela. Ese modelo sostiene que hay una figura, el docente, que posee el conocimiento y que lo transmite por exposición a quienes se someten a las condiciones necesarias para recibirlo. Entre esas condiciones destacan el silencio, la quietud, la uniformidad, la aceptación...Todos somos conscientes del anacronismo que supone una clase con niños y niñas sentados en fila de uno, guardando silencio durante horas y recibiendo "explicaciones" que tienen que copiar en un papel y almacenar en su memoria para luego repetir en otro papel. Un obstáculo para cambiar es la incertidumbre (¿entonces qué hago?), otro la inercia (toda la vida se ha hecho así).
Desde mi modesta posición de profesor de un instituto pequeño en un pequeño pueblo voy abandonando las inercias y encarando las incertidumbres poco a poco. No porque me resulte más cómodo. Es, simple y llanamente, porque creo que es lo mejor que puedo dar a esos chicos y chicas cuyas miradas sostengo a diario. Porque es lo que me gustaría que me dieran si estuviera sentado en su lugar.
No se puede enseñar a comunicarse estando en silencio constante. 
Son cosas que no están acostumbrados a hacer. Tienen que aprender a dialogar sin gritar, a defender sus ideas sin menospreciar las de los demás. Es cierto que a veces se genera mucho ruido dentro de un aula (hay 30 adolescentes en cada una) pero no tendrán otra oportunidad mejor que esta para aprender esas habilidades.
Si tenemos que preparar un guión de radio o planear la estrategia publicitaria de nuestra empresa, ¿cómo vamos a hacerlo sin hablar?
Claro que es más cómodo obligarlos al silencio, al trabajo individual, pero creo que no hay que buscar lo más fácil, sino lo mejor.
Yo prefiero apostar por lo que me dice la evidencia. Para aprender a comunicarnos tenemos que probar, ensayar. Por eso en mi clase se habla.

The future’s ours, yes it is
We can feel it in our bones




El miedo a la libertad

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¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el ser humano, hasta el punto de tratar de eludirla?

Esta pregunta, que formulara Erich Fromm en su obra "El miedo a la libertad", me ha dado últimamente bastante que pensar, a propósito de la relación entre las leyes educativas y el trabajo de los docentes.
La normativa en vigor (no sabemos hasta cuando) otorga al docente un amplio margen de autonomía en la concreción del currículo. Yo diría incluso que exhorta a la contextualización de todo esa letra que, como la puerta de la Ley en la fábula que Kafka incluyó en El Proceso, no asumimos como nuestra porque nos da miedo.
No creo que quien haya redactado la legislación se haya inspirado en la espada de Damocles, en el Gran Hermano o en la cólera de Yaveh. Me parece que la intención de los legisladores es, más bien, darnos la llave que abre una puerta. Las habitaciones a las que accedemos las podemos decorar como queramos, distribuir los muebles a nuestro sabor.
Muchas veces encuentro estudiantes que —tras años de adiestramiento— se sienten muy incómodos cuando les propongo que decidan algo, que organicen su trabajo, que formen grupos con quien quieran...en fin, que ejerzan su autonomía. Se sienten más cómodos siguiendo instrucciones
A los docentes, a veces, nos pasa lo mismo. Por eso nos agarramos a las programaciones didácticas de los libros de texto como a un clavo ardiendo. Esto emana de la Autoridad, pensamos, y nos quedamos más tranquilos.
Cuando, posteriormente, se nos reprocha que nuestras prácticas son obsoletas, que nuestras programaciones son copiadas (luego nos enfadamos cuando nuestros alumnos fusilan la Wikipedia), se nos cruzan los cables. "Pero si yo hago lo que pone en el libro", "si yo sigo el temario de la editorial tal o cual". 
Difícilmente se puede llegar a resultados diferentes si se aplican las mismas medidas. Algo así dijo Einstein (que encarna la figura del sabio y, como a Aristóteles en la Edad Media, se le atribuyen sentencias verdaderas y apócrifas). Y eso, que resulta una verdad de Pero Grullo, no se aplica con la excusa de que las leyes educativas no lo permiten. Nada más lejos de la realidad. 
El aprendizaje basado en proyectos, las metodologías que fomentan la adquisición de las competencias básicas, los descriptores de evaluación del MCERL, las TIC como motor de cambio, el uso de los portfolios como evidencias de aprendizaje, etc, etc, no están reñidos con la legislación que regula nuestra actividad docente. Todo lo contrario. Simplemente se trata de perder el miedo a investigar, a arriesgar, a cambiar...a ser libres.
Seth Godin, gurú del márketing, escribió en The purple cow, algo tan obvio como que hay que buscar la sorpresa, la emoción, para que algo habitual se convierta en una experiencia imborrable. Y eso raramente se consigue con actividades mecánicas, repetitivas, aburridas. 
Necesitamos una "vaca púrpura" en el aula.


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