En un pasaje de Alicia en el país de las maravillas, que ahora releo con placer, Lewis Carroll nos cuenta que la protagonista "aún se acordaba de haber intentado una vez darse una bofetada por hacerse trampas jugando al cróquet consigo misma, ya que esta niña singular era muy aficionada a hacer como que era dos personas distintas".
Si nuestra Escuela (en su sentido más lato, desde la educación infantil a la universitaria) fuese una persona, le vendrían pintiparadas esas palabras que el socarrón escritor británico dedicó a su heroína.
Tres días bajo los cristales del granaíno Palacio de Congresos, cayendo por madrigueras de conejo, atravesando espejos en ambos sentidos, escuchando al Sombrerero, a la Oruga azul o al gato de Chesire y doblando la cerviz ante la caprichosa Reina de corazones (también conocida como Escuela 2.0), me han llevado a tal carrolliana conclusión.
Posee nuestra escuela (lato sensu, otra vez) esa costumbre tan carpetovetónica de formar banderías, cuando la realidad nos dice que estamos todos en el mismo lado.
En el Congreso Escuela 2.0 quise pulsar el estado de la cuestión de la cosa dospuntocerista y, para ello, asumí el papel de explorador. Como tengo una vena ácrata que se me hincha con facilidad, no me cuesta huir del cálido abrazo del grupo y navegar por mi cuenta. Así, no quise limitarme al foro alternativo (un "kongreso" dentro del Congreso), aunque fuera
—sin duda— lo más interesante de todo el festival, porque ya sabía lo que iba a encontrar allí. En el foro estarían amigos virtuales y reales, profesionales que admiro fervorosamente, sabios y sabias cuyo trabajo conozco y sigo. Pero me interesaba también saber como ven las tic en la Escuela los docentes que no publican blogs, ni tienen cuenta en Twitter, ni saben lo que es un PLE, ni...ni...creo que no hace falta que siga. Y esos no estaban en el foro alternativo. Había que buscarlos en otros hábitats y charlar con ellos y ellas, conocer sus puntos de vista.
Pude observar que quizá los menos interesados en las tic fueran los del foro alternativo, y paradójicamente son quienes más las usan en las aulas. Los del mainstream estaban mucho más interesados en aspectos técnicos, en soportes y aplicaciones que a mí, francamente, no me ponen.
La metodología, ¿para qué queremos las tic en las aulas?, ese sigue siendo el muro que separa a güelfos y gibelinos en la Escuela del siglo XXI. La brecha es grande, pero no podemos olvidar que, como la Alicia del cuento, no somos dos instituciones diferentes, sino una sola.
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| Fanzine Pez |
