Marvin Harris —padre del materialismo cultural— acuñó los términos emic y etic, tomados de fonología y fonética (phonemics y phonetics respectivamente, en inglés) para referirse a dos maneras diferentes de describir los hechos según el agente que los describa esté implicado en ellos o no. Del mismo modo que la fonología se centra en el fonema, que es un constructo, una abstracción basada en la interpretación que un sujeto hace de un sonido, y la fonética se ocupa de la realidad acústica desde un punto de vista meramente físico, así Harris describe como emic las explicaciones que una comunidad considera válidas y como etic las explicaciones científicas que un observador externo da a esos actos. Y no suelen coincidir.
La Wikipedia recoge el siguiente ejemplo: cuando una madre de una comunidad muy pobre explica que a los niños que nacen enfermos "se los lleva Dios pronto al cielo porque son angelitos" (perspectiva emic), el antropólogo ve una realidad muy distinta: a esos niños se les alimenta y protege poco para provocar que mueran pronto, porque suponen una carga imposible de asumir (perspectiva etic).
La Wikipedia recoge el siguiente ejemplo: cuando una madre de una comunidad muy pobre explica que a los niños que nacen enfermos "se los lleva Dios pronto al cielo porque son angelitos" (perspectiva emic), el antropólogo ve una realidad muy distinta: a esos niños se les alimenta y protege poco para provocar que mueran pronto, porque suponen una carga imposible de asumir (perspectiva etic).
En nuestra comunidad, la docente, todos los elementos que nos condicionan pero que no se perciben desde fuera —a simple vista— caen de lleno en el ámbito de lo emic, es decir, están fuertemente influidos por asunciones tácitas, principios no explícitos, ideas recibidas pero no meditadas...Somos una tribu y, como tal, tenemos nuestras creencias, nuestras tradiciones, en fin, nuestra ideología.
Por ello, tenemos nuestra peculiar manera de explicar los problemas que nos afectan, como el fracaso escolar.
Tendemos a explicaciones emic. Solemos formular explicaciones del fracaso escolar del tipo “Dios se lleva pronto a nuestros alumnos porque son angelitos”, en lugar de preocuparnos de “alimentarlos” bien, es decir, de darles aquello que precisan, lo que sería una postura etic, más pegada a la realidad, aunque más incómoda. De ahí que haya tal divorcio entre la visión que entre la comunidad docente abunda sobre los problemas que sufre la educación y la que puede tener cualquier observador externo.
Creo sinceramente que es sano ejercer de antropólogo en nuestra propia comunidad profesional (aunque lo que hagamos sea antropología parda), contemplar al claustro como si acabáramos de llegar de Marte. Veríamos las cosas de otra manera.
Todo esto lo quise poner en la memoria final del curso, pero no estaba escrito en el lenguaje de la tribu.
