martes, 19 de abril de 2011

Pequeño vals vienés




En uno de los —para mímás bellos poemas escritos en nuestra lengua, Pequeño vals vienés, Federico Gª Lorca nos cuenta las cosas imposibles que hay en Viena. Un fragmento de la mañana, un museo de la escarcha, un salón con mil ventanas, frescas guirnaldas de llanto, un vals de quebrada cintura que moja su cola en el mar...todo eso, y el alma del poeta en fotografías y azucenas.
Mi Pequeño vals vienés es bastante más prosaico, pero no menos maravilloso. El balance que puedo hacer de estos primeros meses inmerso en la Escuela 2.0, volviendo la vista atrás, se parece a ese baile que bailaba el poeta "con un disfraz que tenga cabeza de río".
Ya sé  —muchos que saben más que yo lo han dicho ya —que lo que importa en la enseñanza es la actitud, son las ganas, es —al fin y al cabo el compromiso con nuestro trabajo. Con Tic o sin Tic.
Debo decir, no obstante, que para llevar a pie de aula una forma de trabajar que se centre en las competencias básicas, que sea colaborativa, que huya del "magister dixit", las Tic (o las Tac) son una herramienta maravillosa. Como nos muestra Carmen González (@flosflorum) en una sus ponencias, la metodología influye notablemente a la hora de aprender.
Esas cajitas llenas de circuitos y pintadas de verde que mis alumnos y alumnas con más moral que el alcoyano han cargado día tras día sobre sus espaldas, se  han  transformado en una puerta hacia lo maravilloso. Probablemente sin los ultraportátiles también habríamos bailado la "danza que sueña la tortuga", también habríamos visto "ovejas y lirios de nieve", también habríamos soñado con "las viejas luces de Hungría" y habríamos oído los "rumores de la tarde tibia".
Pero, sin duda, habría sido más difícil.