viernes, 5 de febrero de 2010

Déjà vu

El hombre ha sentido siempre el placer de la repetición. El niño disfruta oyendo muchas veces el mismo cuento, y el adulto no se cansa de escuchar la música que le recuerda momentos señalados de su vida. Comprobar que las cosas suceden como siempre han sucedido y como, sin duda, volverán a suceder, es tranquilizador: la costumbre aleja la incertidumbre y disipa el azar. Quizá por ello nuestros gobernantes se empeñan una y otra vez en remediar mediante cambios legislativos los males de la enseñanza.
Gobierno y oposición, después de dar grandes voces y asestarse terribles puñaladas de guiñol, llaman a rebato a sus huestes y proponen un pacto por la educación

 Una vez más, la educación viene a ser una excusa para escenificar el conflicto entre partidos y para entretener a la parroquia.
Lo más irritante, es que no hay en la enseñanza grandes defectos que corregir ni grandes males que remediar; y además, caso de que los hubiera, no se corregirían con los remedios que los partidos disputan ni las leyes arbitran. 
El juego consiste en anunciar remedios, que se saben ineficaces, contra males inexistentes.

Those are my principles

La sorpresa que nos produce Groucho Marx cuando afirma "Estos son mis principios y, si no le gustan...tengo otros" descansa, seguramente, en una convicción ampliamente compartida, con arreglo a la cual el comportamiento moral de las personas guarda una estrecha relación con su capacidad de seguir aquellos principios que juzgan justos.
En estos tiempos de inspecciones, de revisión de programaciones didácticas, de análisis de los resultados de las evaluaciones, etc., etc., me llama poderosamente la atención la capacidad que tienen algunos y algunas de amoldarse al Zeitgeist, al espíritu de los tiempos, de firmar donde sea, de asumir las competencias básicas o lo que haga falta, pero sin cambiar ni un ápice su forma de trabajar en las aulas.
Da la impresión de que solamente importa rellenar la papeleta.

martes, 2 de febrero de 2010

Mater sapientissima


Leo que, a muy temprana edad, Goethe se pone a estudiar hebreo por propia iniciativa en su Fráncfort natal. Bajo la tutela de un profesor particular que responde al freudiano nombre de Herr Rat , el voluntarioso adolescente se enfrenta nada menos que a la Biblia. Pronto las dificultades léxicas le hacen desistir del empeño. El trabajo, sin embargo, rinde un dividendo inesperado: al leer con la atención puesta en los laberintos del idioma y no en los sucesos narrados, se impregna de una historia que, sin saber cómo, le permite comprender la relación entre lo aprendido y lo sentido. 
Si, como se desprende del episidio descrito, es el relato (el storytelling de nuestra posmodernidad) lo que constituye la esencia del discurso, de todo discurso, no cabe duda de que la lectura constituye un factor esencial en el conjunto de vivencias que conforman al individuo, incluso al individuo que no lee, en la medida en que su imaginario participa del imaginario de la comunidad en la que se integra.
Desde el curso pasado dedico un cuarto de hora de cada una de mis clases a la lectura. Ese cuarto de hora mágico en el que mis alumnos y alumnas se sumergen en vidas imaginarias, en su interior al fin y al cabo, constituye el sanctasanctorum de mis clases de Lengua. 
Ese acto, aparentemente trivial, que denominamos lectura es  la mater sapientissima del saber, una operación tremendamente compleja en la que participan la inferencia, el juicio, la memoria, el reconocimiento, la sabiduría, la experiencia y la práctica, como minímo, y  que justifica por sí sola todo el currículo de la Secundaria.

domingo, 31 de enero de 2010

To Tic or not to Tic

El curso pasado puse en marcha dos blogs de aula, uno para la asignatura de Lengua y otro para la de Cambios Sociales. Hallábame muy ufano ante tamaño descubrimiento. Cada vez que me miraba en el espejo veía un no sé qué digital, virtual, de lo más cool en mi expresión de docente del siglo XXI. Estaba convencido de que mis alumnos y alumnas maravillaríanse cuando la buena nueva de la sabiduría llegase hasta sus mentes a través de las pantallas de los (pocos) ordenadores del centro.
Poco a poco me fui dando cuenta de que lo único que había hecho era volcar las actividades y los contenidos a otro formato, de que en lugar de rellenar fichas en un papel, lo hacían en una pantalla a través de los enlaces que les indicaba en el blog.
-No es eso, no es eso, aquí falla algo. Les estoy vendiendo el mismo perro pero con otro collar- pensé.
Más tarde llegué a la conclusión de que el verdadero sentido de la presencia de las TICs en las aulas, el verdadero dospuntocerismo, consistía en que ellos y ellas no se limitasen a ser meros receptores, como antes, sino que tomasen protagonismo y fuesen productores también.
Así que decidí darles la iniciativa. Hemos empezado poco a poco, primero poniendo en marcha individualmente o en grupo su propia bitácora. Me ha costado bastante (frente al extendido y falso tópico de que manejan las tecnologías mejor que nosotros) que publicasen sus primeros posts pero, cuando se han dado cuenta de que aquel era su espacio, han ido ganando confianza.
Hay multitud de herramientas 2.0. que se pueden incorporar a la enseñanza, yo estoy dando los primeros pasos, pero creo que la alfabetización digital (la competencia digital) consiste en conseguir individuos autónomos y eficientes en el uso de las TIC, no sólo receptores de una información que nosotros previamente elegimos. No creo que se trate simplemente de usar las TIC (to TIC or not to TIC) sino de la manera de usarlas.
Digitalizar un libro de texto o trasladar la clase magistral al aula de informática no es un viaje para el que hagan falta grandes alforjas.