domingo, 19 de mayo de 2013

¿Estudiar? WTF?


Cuando estaba en la Secundaria creía que para escribir una enciclopedia hacía falta un puñado de sabios que trabajasen siguiendo un orden (quizá simplemente alfabético) para una editorial y que eso les llevaría media vida.
En esa época, si quería escuchar música (dejando a un lado la radio, obviamente) tenía que ir a una tienda y comprar un disco, o comprar un cassette y pedirle a un amigo que me lo grabara. Si quería ver una película tenía que ir al cine o al vídeoclub. Para hablar con alguien que estuviera lejos tenía que llamarlo por teléfono. Si quería aprobar una asignatura tenía que estudiar, es decir, memorizar un conjunto de datos (o de fórmulas para aplicar) previamente extraídos de un libro o, en el peor de casos, copiados al dictado en clase. Para demostrar que había estudiado, tenía que repetir los datos memorizados en un examen.
Con el paso del tiempo he ido "desaprendiendo" muchas de estas cosas sin apenas darme cuenta. Colaboro con la mayor enciclopedia del mundo sin ser sabio, gratuitamente y sin dedicarle más que algún rato perdido, ya no compro discos para escuchar música, no voy al cine, puedo "hablar" con personas que están lejos sin telefonear...
Seguro que podría añadir más ejemplos de cambios en mi forma de relacionarme con la información y el conocimiento.
Sin embargo, mucho me temo que el acto de estudiar se sigue relacionando con la memorización de conceptos o complicadas fórmulas y con la repetición de procesos, como si nada hubiera cambiado tras las paredes de nuestras aulas.
Desde el advenimiento de la web 2.0 nuestros hábitos sociales y culturales se han alterado. El estudio también. Detrás de la palabra "estudiar" se esconden habilidades que antes no se consideraban
Las herramientas que brinda Internet no tienen el único efecto de hacer más rápido y eficaz el acceso al conocimiento, también transforman nuestra relación con él.
Estudiar hoy día tiene más que ver con examinar diferentes perspectivas, crear y comparar nuestras creaciones, proponer soluciones, saber aplicar ideas y gestionar emociones, colaborar, establecer conexiones dentro y fuera de nuestras mentes...Por no hablar de la cuestión del espacio y del tiempo. Es evidente que se puede "estudiar" en cualquier momento y lugar.
Si lo aceptamos o no, si preferimos que entrar en un aula se convierta en un viaje en la máquina del tiempo, es harina de otro costal.
Pero pretender que algo no ha ocurrido no significa que desaparezca. Los hechos son tercos.

domingo, 24 de marzo de 2013

En mi clase se habla


Imagen:Fanzine Pez

Cuentan que en 1492 (casi medio siglo después de que se inventara la imprenta) Johannes Trithemius, abad de Sponheim, escribió De Laude Scriptorum, una defensa del trabajo de los escribas, muy superior según él al de los impresores. Lo curioso es que dio su libro a la imprenta para distribuirlo en copias impresas y no a los amanuenses para que lo trasladaran a mano.
Los cambios no suceden cuando la sociedad adopta nuevas herramientas tecnológicas, sino cuando las personas cambian su concepción de las relaciones y eso les lleva a comportarse de manera diferente.
Si esos cambios, además, son radicales, revolucionarios, (como el que vivimos en relación al acceso, producción y consumo del conocimiento) no se producen de forma paulatina y ordenada. Es decir, no hay un viaje por etapas desde A hasta B, sino que el abandono de una concepción (A), de forma masiva, produce un estado de incertidumbre, de malestar, que no se resuelve hasta que se alcanza un nuevo consenso (B). Algunos se aferran a A porque piensan que es la misma esencia de lo que defienden, sin darse cuenta de que cualquier actividad social está sujeta a cambios, que no hay una esencia, ni una forma perenne. La forma B, cuando se establezca, será considerada tan canónica como lo fue A.
En la Escuela (hablo de la institución educativa) el modelo hasta ahora mayoritario ha entrado en crisis. Esto es algo evidente para todos los actores que intervienen, sea cual sea su ideología, nivel social o cultural. Otra cosa es que se admita o no, o se reconozca solo veladamente.
Tanto las voces que claman por otra vuelta de tuerca, una huida sin fin (mano dura, reválidas, etc.) cuanto quienes piensan en un aggiornamento (mantener la misma estructura de relaciones pero introducir mejoras, nuevas tecnologías, etc.) son conscientes de que la criatura ha cambiado tanto que el traje ya no le sirve, las costuras se rompen por todas partes.
Se pueden buscar culpables (de hecho se hace, piensen si no en la sostenida campaña de agitprop contra los docentes) de todos los colores y sabores. Los enseñantes culpan a la administración o a las familias (o a ambos), las familias y la administración a los profes...y ya no sabemos quien es el gato, el rato ni el bellaco.
Lo que está en juego, por eso se genera tanta ansiedad, es el modelo mismo sobre el que descansa la Escuela. Ese modelo sostiene que hay una figura, el docente, que posee el conocimiento y que lo transmite por exposición a quienes se someten a las condiciones necesarias para recibirlo. Entre esas condiciones destacan el silencio, la quietud, la uniformidad, la aceptación...Todos somos conscientes del anacronismo que supone una clase con niños y niñas sentados en fila de uno, guardando silencio durante horas y recibiendo "explicaciones" que tienen que copiar en un papel y almacenar en su memoria para luego repetir en otro papel. Un obstáculo para cambiar es la incertidumbre (¿entonces qué hago?), otro la inercia (toda la vida se ha hecho así).
Desde mi modesta posición de profesor de un instituto pequeño en un pequeño pueblo voy abandonando las inercias y encarando las incertidumbres poco a poco. No porque me resulte más cómodo. No para caer mejor a los alumnos, ni para ser más cool ni nada de eso. Es, simple y llanamente, porque creo que es lo mejor que puedo dar a esos chicos y chicas cuyas miradas sostengo a diario. Porque es lo que me gustaría que me dieran si estuviera sentado en su lugar.
Este trimestre he seguido fomentando el uso de la palabra en el aula. No se puede enseñar a comunicarse estando en silencio constante. Hemos seguido trabajando en grupos para aprender a aportar ideas, a escuchar las de los demás, a discutir sobre esas ideas, a argumentar y a tomar decisiones.
Son cosas que no están acostumbrados a hacer. Tienen que aprender a dialogar sin gritar, a defender sus ideas sin menospreciar las de los demás. Es cierto que a veces se genera mucho ruido dentro de un aula (hay 30 adolescentes en cada una) pero no tendrán otra oportunidad mejor que esta para aprender esas habilidades.
Si tenemos que preparar un guión de radio o planear la estrategia publicitaria de nuestra empresa, ¿cómo vamos a hacerlo sin hablar?
Claro que es más cómodo obligarlos al silencio, al trabajo individual, pero creo que no hay que buscar lo más fácil, sino lo mejor.
Yo prefiero apostar por lo que me dice la evidencia. Para aprender a comunicarnos tenemos que probar, ensayar. Por eso en mi clase se habla.

The future’s ours, yes it is
We can feel it in our bones



miércoles, 13 de marzo de 2013

El Congreso (homenaje a Stanislaw Lem)


Extracto del libro de actas del congreso sobre Costumbres e Instituciones del hombre del Neogeno, celebrado en la colonia XHK452, en el planeta Marte.

Poco sabemos del hombre del Neogeno. Tras la oscura Era del Caos, que se extendió durante cientos de años, como una sombra, sobre las civilizaciones terráqueas, no quedaron apenas recuerdos de las culturas preatómicas.
En esta intervención pretendo rescatar del olvido un pequeño fragmento de esa remota Era del Neogeno, a la luz de las excavaciones realizadas en algunas regiones de la Tierra.
Varios de los objetos encontrados, conocidos en la literatura científica como “papeles”, o “papyr”, nos han revelado importantes datos, al tiempo que nos han sugerido profundos enigmas.
Mis recientes investigaciones sobre la mítica institución llamada “Es-kuela” (nos acogemos a las transcripciones de la Escuela Marciana de Paleografía) arrojan dudas sobre las interpretaciones vigentes acerca del culto al “Tex-to”, también llamado “Ly-bro”. Puedo afirmar que, lejos de tratarse de un fenómeno marginal, estaba extendido por todo el planeta y exigía constantes sacrificios de cerebros jóvenes.
Tex-to” era, además, considerado un dios cruel e insaciable. Temido y seguido masivamente por los sacerdotes del culto, los llamados “magistri”, este ídolo se convirtió en omnipresente y quienes osaron apostatar o dudar de su infalibilidad sufrieron el ostracismo.
Tex-to” tuvo una mutación tardía, en una época crepuscular de su culto, convirtiéndose en “dii-gi-taal”, aunque su esencia permaneció inalterada.
Relacionado con este ancestral mito de la “Es-kuela”, me permito también poner en duda las interpretaciones sobre un elemento central en el folclore “es-kolar”.
Me estoy refiriendo al enigmático “Curric-Ulum”(seguimos la transcripción indicada más arriba). Puedo afirmar basándome en las “Notas sobre el hombre del Neogeno Tardío”, del ilustre Laa Bar, Polignóstor Octavo de la Escuela Histórica Lunar, que a ”Curric-Ulum” se le atribuía una existencia sobrenatural, lo que le convertía en inalterable. Además, según afirma la corriente citada, los intentos de refutar este dogma eran severamente castigados, especialmente bajo la dinastía de los “Inspectors”.
Por tanto, no se le consideraba como un ser (lo que pone de manifiesto rasgos totémicos de aquel culto, insólitos para una época de ciencias exactas bastante desarrolladas), y se lo identificaba, al menos en sus actividades prácticas , con “Tex-to”.
Lo que me resulta enormemente extraño, y me hace dudar de todo el edificio conceptual que hemos construido en torno a este mito de la “Es-kuela”, es la mención que se hace de la educación y al aprendizaje en uno de los vestigios desenterrados recientemente entre las ruinas de un lugar dedicado a este culto.
Esa es, quizá, la principal novedad que quiero presentar en mi intervención y que les quiero dejar en forma de pregunta: ¿qué relación hay entre el aprendizaje y el culto desarrollado en la “Es-kuela”? Esta cuestión no puede ser contestada aún, dado el estado incipiente de mi investigación.
Y quizá, por desgracia, ese enigma no pueda ser jamás resuelto, ya que la mayor parte de la historia del Neogeno quedará para siempre oculta.

viernes, 1 de marzo de 2013

El miedo a la libertad

¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el ser humano, hasta el punto de tratar de eludirla?

Esta pregunta, que formulara Erich Fromm en su obra "El miedo a la libertad", me ha dado últimamente bastante que pensar, a propósito de la relación entre las leyes educativas y el trabajo de los docentes.
La normativa en vigor (no sabemos hasta cuando) otorga al docente un amplio margen de autonomía en la concreción del currículo. Yo diría incluso que exhorta a la contextualización de todo esa letra que, como la puerta de la Ley en la fábula que Kafka incluyó en El Proceso, no asumimos como nuestra porque nos da miedo.
No creo que quien haya redactado la legislación se haya inspirado en la espada de Damocles, en el Gran Hermano o en la cólera de Yaveh. Me parece que la intención de los legisladores es, más bien, darnos la llave que abre una puerta. Las habitaciones a las que accedemos las podemos decorar como queramos, distribuir los muebles a nuestro sabor.
Muchas veces encuentro estudiantes que —tras años de adiestramiento— se sienten muy incómodos cuando les propongo que decidan algo, que organicen su trabajo, que formen grupos con quien quieran...en fin, que ejerzan su autonomía. Se sienten más cómodos siguiendo instrucciones
A los docentes, a veces, nos pasa lo mismo. Por eso nos agarramos a las programaciones didácticas de los libros de texto como a un clavo ardiendo. Esto emana de la Autoridad, pensamos, y nos quedamos más tranquilos.
Cuando, posteriormente, se nos reprocha que nuestras prácticas son obsoletas, que nuestras programaciones son copiadas (luego nos enfadamos cuando nuestros alumnos fusilan la Wikipedia), se nos cruzan los cables. "Pero si yo hago lo que pone en el libro", "si yo sigo el temario de la editorial tal o cual". 
Difícilmente se puede llegar a resultados diferentes si se aplican las mismas medidas. Algo así dijo Einstein (que encarna la figura del sabio y, como a Aristóteles en la Edad Media, se le atribuyen sentencias verdaderas y apócrifas). Y eso, que resulta una verdad de Pero Grullo, no se aplica con la excusa de que las leyes educativas no lo permiten. Nada más lejos de la realidad. 
El aprendizaje basado en proyectos, las metodologías que fomentan la adquisición de las competencias básicas, los descriptores de evaluación del MCERL, las TIC como motor de cambio, el uso de los portfolios como evidencias de aprendizaje, etc, etc, no están reñidos con la legislación que regula nuestra actividad docente. Todo lo contrario. Simplemente se trata de perder el miedo a investigar, a arriesgar, a cambiar...a ser libres.
Seth Godin, gurú del márketing, escribió en The purple cow, algo tan obvio como que hay que buscar la sorpresa, la emoción, para que algo habitual se convierta en una experiencia imborrable. Y eso raramente se consigue con actividades mecánicas, repetitivas, aburridas. 
Necesitamos una "vaca púrpura" en el aula.


domingo, 24 de febrero de 2013

Vendemos una idea. Emprendedores en 1º ESO

 Imagen: Aitor Lázpita
Desde hace un tiempo, sin darme cuenta, me he ido interesando por cosas que antes me parecían propias de marcianos. Una de ellas es el márketing. Las estrategias de mercado tienen mucho interés desde el punto de vista de la comunicación. 
Además, la formación empresarial me aporta ideas muy interesantes, a través de algunas personas a quienes sigo en Twitter y se dedican a estos menesteres. Lo que más me gusta de quienes se dedican a la formación en la empresa es que no tienen los frenos, inercias y miedos que nos atenazan a los profes de secundaria. Se basan en lo más evidente: si algo no funciona hay que cambiarlo (y rápido).
Toda esta palinodia viene a cuento de que, coincidiendo con Fernando Trujillo ("Mariposas en el estómago"), creo que es una buena idea abrir a nuestro alumnado una vía hacia el emprendimiento
Ya sé que algunos se rasgarán las vestiduras, pero yo pienso en las necesidades que tendrán estas personas (cuya formación me ha sido encomendada) en unos pocos años.
Así pues, armado de valor, propuse a mis alumnos que creasen una pequeña empresa (en grupo) en torno a una buena idea y, después, preparasen una campaña de publicidad para venderla.
Antes de empezar, me parecía que la parte más interesante era la que tenía que ver con la publicidad, ya que me resultaría más fácil arrimar el ascua a mi sardina lingüística. En este campo me sentía más seguro. No obstante, según avanzaba el proyecto, me di cuenta que el proceso de discusión y decisión, el hecho de convertir una idea en una buena idea, era igual de importante y fascinante.
Visitamos la oficina del CADE (Centro de Apoyo al Desarrollo Empresarial) de nuestra localidad, acompañados de la concejala de economía del Ayuntamiento de Salobreña, Doña MªCarmen Rodríguez. A partir de ahí, mis esforzados estudiantes trabajaron en buscar una idea, estudiar su viabilidad y publicitarla.
No les impuse ningún formato para la campaña publicitaria. Podían hacer carteles, vídeos, folletos, cuñas de radio, páginas en Facebook...Lo único obligatorio era presentarla públicamente.
Los resultados fueron sorprendentes. Sobre todo en cuanto a implicación. Prácticamente la totalidad de los alumnos y alumnas se volcaron en el trabajo, se sintieron motivados y disfrutaron presentando su campaña y viendo las demás.
Lo que yo pretendía con este trabajo era:
  • Seguir aprendiendo a colaborar
  • Fomentar la creatividad y la imaginación
  • Trabajar las estrategias de persuasión
  • Introducirnos en el mundo de la publicidad
  • Conocer los distintos tipos de textos argumentativos
  • Dar autonomía a los estudiantes
  • Conectar el aprendizaje con aspectos de la vida cotidiana
  • Seguir mejorando la expresión oral
Creo que lo logramos de sobra. Y sin corbata ni maletín.

Algunos ejemplos:
Algunas entradas en blogs:
Algunas muestras de carteles, folletos...: